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EE.UU. Los isleños de Cuba están perplejos debido a que Marino Murillo, el “zar de las reformas económicas”, no ha hablado en público en más de un año.
El presidente cubano, Raúl Castro, está preparándose para dejar su cargo el próximo año, Venezuela ha recortado millones de dólares en ayuda y la elección de Donald Trump ha ensombrecido la incipiente relación entre EEUU y Cuba. Sacudido por el cambio, el gobierno cubano ha dejado que cese su programa de reformas domésticas y el partido comunista ha endurecido su postura.
Marino Murillo, el alto funcionario encargado de las reformas en Cuba, no ha hecho pronunciamientos en público durante más de un año. Su ausencia ha desconcertado a los cubanos y ha socavado las grandes expectativas que había fomentado el impulso liberalizador, a nivel doméstico e internacional.
“Hay tres factores que ocasionaron la pausa de las reformas, las cuales seguramente continuarán en algún momento”, dice Richard Feinberg, un experto sobre Cuba en la Institución Brookings en Washington. “Los altos dirigentes están enfocados en manejar la autoridad; están planeando la sucesión de Raúl Castro; y están intentando manejar la reacción negativa ante la emergente inequidad, los bajos salarios estatales y la inflación”.
El Sr. Castro convirtió a la reforma en el sello de su presidencia cuando asumió el cargo de su hermano Fidel Castro en 2008. Intentó descentralizar la economía e impulsar la productividad, permitiendo el autoempleo, recortando la burocracia estatal, acogiendo la inversión extranjera y unificando el sistema monetario dual de Cuba.
El Sr. Murillo, que llegó a ser conocido como el “zar de las reformas económicas” cuando fue designado como el ministro de Economía en 2009, era el tecnócrata a cargo de implementar los cambios. De hecho, el Sr. Castro y él eran un equipo dedicado a convencer a la impasible burocracia de Cuba a aceptar las reformas.
Respaldado por el prestigio revolucionario del Sr. Castro, el Sr. Murillo hizo largas presentaciones de PowerPoint que explicaban los cambios a miembros del partido y del gobierno. Posteriormente sus conversaciones de una hora de duración se transmitían en la televisión estatal.
Pero el Sr. Murillo no ha dicho ni una palabra en público desde julio. Al mismo tiempo, se han impuesto controles de precios a los negocios agrícolas y de transporte del incipiente sector privado.
Este cambio se ha dado conforme el Sr. Castro, de 85 años de edad, se prepara para cumplir su promesa de finalizar su mandato como presidente el 24 de febrero del próximo año. Si es así, 2018 será la primera vez en seis décadas en la que Cuba no ha sido gobernada por un Castro, aunque se espera que el Sr. Castro continúe como cabeza del partido comunista y de las fuerzas armadas. Fidel Castro se murió el pasado noviembre.
“Por un lado, las reformas no han sido suficientes, pero a la vez han ido demasiado lejos”, dice Bert Hoffman, un experto sobre Cuba en el Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales. “No han sido suficientes para impulsar el crecimiento pero han ido demasiado lejos en cuanto a ensanchar la brecha de inequidad social e incrementar el costo de la vida. El partido comunista está preocupado por el descontento creado por esta situación”.
Estas tensiones se manifestaron en el congreso del partido en abril de 2016, en el que se admitió que las reformas no habían cumplido con las expectativas populares en términos del crecimiento económico, del suministro de bienes y del aumento de salarios. Al mismo tiempo, se transmitió un debate en la televisión estatal que mostró a delegados del partido encolerizados sobre el hecho de que un agricultor de cebollas había ganado suficiente dinero para comprar un coche y reparar su casa.
Ésta no es la única vez que Cuba se ha encontrado en esta situación. Los funcionarios reformistas a menudo han sido detenidos después de iniciar programas liberadores por los dirigentes tradicionales debido a su temor a perder control del país.
Un problema económico que ha afectado la situación es que Caracas, que durante muchos años le ha suministrado 100,000 barriles de petróleo subvencionado al día a La Habana, se ha visto forzada ha recortar envíos en cerca de 40 por ciento. Como resultado, la economía de Cuba se encogió cerca de 1 por ciento en 2016, cayendo en su primera recesión desde el colapso de la Unión Soviética.
Otro revés para los reformistas ha sido la promesa del Sr. Trump de reevaluar el detente iniciado por su predecesor Barack Obama. Hasta el momento, él no ha iniciado este proceso y el Departamento de Estado no ha nombrado a un funcionario a cargo de asuntos latinoamericanos.
Algunos negocios estadounidenses han reducido su euforia inicial sobre sus oportunidades comerciales en Cuba. A pesar de que 615,000 cubano-americanos y turistas estadounidenses visitaron en país el año pasado — del total de 4 millones de visitantes extranjeros — Frontier Airlines, Silver Airways, American Airlines y JetBlue han cancelado o reducido el número de vuelos a Cuba, citando una falta de demanda.
El corolario de darle prioridad a la estabilidad política sobre las reformas económicas, al menos por ahora, es que las quejas sobre la inercia del gobierno, los bajos salarios, los precios altos, la escasez y el deterioro de los servicios se han vuelto rutinarias.
Una clara señal de esta situación se reveló en una rara encuesta privada realizada en Cuba a finales del año pasado por NORC, un grupo de investigación independiente de la Universidad de Chicago, en el que 46 por ciento de los encuestados describieron a la economía cubana como “pobre o muy pobre”. Un número similar respondió que pensaba que la situación se mantendría igual y sólo tres de cada diez encuestados pensaban que la economía iba a mejorar. Increíblemente, la mitad de los cubanos encuestados dijeron que querían dejar el país.
Por Marc Frank y John Paul Rathbone (c) 2017 The Financial Times Ltd. All rights reserved

Reformas de Raúl Castro se detienen por completo



EE.UU. Los isleños de Cuba están perplejos debido a que Marino Murillo, el “zar de las reformas económicas”, no ha hablado en público en más de un año.
El presidente cubano, Raúl Castro, está preparándose para dejar su cargo el próximo año, Venezuela ha recortado millones de dólares en ayuda y la elección de Donald Trump ha ensombrecido la incipiente relación entre EEUU y Cuba. Sacudido por el cambio, el gobierno cubano ha dejado que cese su programa de reformas domésticas y el partido comunista ha endurecido su postura.
Marino Murillo, el alto funcionario encargado de las reformas en Cuba, no ha hecho pronunciamientos en público durante más de un año. Su ausencia ha desconcertado a los cubanos y ha socavado las grandes expectativas que había fomentado el impulso liberalizador, a nivel doméstico e internacional.
“Hay tres factores que ocasionaron la pausa de las reformas, las cuales seguramente continuarán en algún momento”, dice Richard Feinberg, un experto sobre Cuba en la Institución Brookings en Washington. “Los altos dirigentes están enfocados en manejar la autoridad; están planeando la sucesión de Raúl Castro; y están intentando manejar la reacción negativa ante la emergente inequidad, los bajos salarios estatales y la inflación”.
El Sr. Castro convirtió a la reforma en el sello de su presidencia cuando asumió el cargo de su hermano Fidel Castro en 2008. Intentó descentralizar la economía e impulsar la productividad, permitiendo el autoempleo, recortando la burocracia estatal, acogiendo la inversión extranjera y unificando el sistema monetario dual de Cuba.
El Sr. Murillo, que llegó a ser conocido como el “zar de las reformas económicas” cuando fue designado como el ministro de Economía en 2009, era el tecnócrata a cargo de implementar los cambios. De hecho, el Sr. Castro y él eran un equipo dedicado a convencer a la impasible burocracia de Cuba a aceptar las reformas.
Respaldado por el prestigio revolucionario del Sr. Castro, el Sr. Murillo hizo largas presentaciones de PowerPoint que explicaban los cambios a miembros del partido y del gobierno. Posteriormente sus conversaciones de una hora de duración se transmitían en la televisión estatal.
Pero el Sr. Murillo no ha dicho ni una palabra en público desde julio. Al mismo tiempo, se han impuesto controles de precios a los negocios agrícolas y de transporte del incipiente sector privado.
Este cambio se ha dado conforme el Sr. Castro, de 85 años de edad, se prepara para cumplir su promesa de finalizar su mandato como presidente el 24 de febrero del próximo año. Si es así, 2018 será la primera vez en seis décadas en la que Cuba no ha sido gobernada por un Castro, aunque se espera que el Sr. Castro continúe como cabeza del partido comunista y de las fuerzas armadas. Fidel Castro se murió el pasado noviembre.
“Por un lado, las reformas no han sido suficientes, pero a la vez han ido demasiado lejos”, dice Bert Hoffman, un experto sobre Cuba en el Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales. “No han sido suficientes para impulsar el crecimiento pero han ido demasiado lejos en cuanto a ensanchar la brecha de inequidad social e incrementar el costo de la vida. El partido comunista está preocupado por el descontento creado por esta situación”.
Estas tensiones se manifestaron en el congreso del partido en abril de 2016, en el que se admitió que las reformas no habían cumplido con las expectativas populares en términos del crecimiento económico, del suministro de bienes y del aumento de salarios. Al mismo tiempo, se transmitió un debate en la televisión estatal que mostró a delegados del partido encolerizados sobre el hecho de que un agricultor de cebollas había ganado suficiente dinero para comprar un coche y reparar su casa.
Ésta no es la única vez que Cuba se ha encontrado en esta situación. Los funcionarios reformistas a menudo han sido detenidos después de iniciar programas liberadores por los dirigentes tradicionales debido a su temor a perder control del país.
Un problema económico que ha afectado la situación es que Caracas, que durante muchos años le ha suministrado 100,000 barriles de petróleo subvencionado al día a La Habana, se ha visto forzada ha recortar envíos en cerca de 40 por ciento. Como resultado, la economía de Cuba se encogió cerca de 1 por ciento en 2016, cayendo en su primera recesión desde el colapso de la Unión Soviética.
Otro revés para los reformistas ha sido la promesa del Sr. Trump de reevaluar el detente iniciado por su predecesor Barack Obama. Hasta el momento, él no ha iniciado este proceso y el Departamento de Estado no ha nombrado a un funcionario a cargo de asuntos latinoamericanos.
Algunos negocios estadounidenses han reducido su euforia inicial sobre sus oportunidades comerciales en Cuba. A pesar de que 615,000 cubano-americanos y turistas estadounidenses visitaron en país el año pasado — del total de 4 millones de visitantes extranjeros — Frontier Airlines, Silver Airways, American Airlines y JetBlue han cancelado o reducido el número de vuelos a Cuba, citando una falta de demanda.
El corolario de darle prioridad a la estabilidad política sobre las reformas económicas, al menos por ahora, es que las quejas sobre la inercia del gobierno, los bajos salarios, los precios altos, la escasez y el deterioro de los servicios se han vuelto rutinarias.
Una clara señal de esta situación se reveló en una rara encuesta privada realizada en Cuba a finales del año pasado por NORC, un grupo de investigación independiente de la Universidad de Chicago, en el que 46 por ciento de los encuestados describieron a la economía cubana como “pobre o muy pobre”. Un número similar respondió que pensaba que la situación se mantendría igual y sólo tres de cada diez encuestados pensaban que la economía iba a mejorar. Increíblemente, la mitad de los cubanos encuestados dijeron que querían dejar el país.
Por Marc Frank y John Paul Rathbone (c) 2017 The Financial Times Ltd. All rights reserved